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Las Escapadas del Profe UrregoLas Escapadas del Profe Urrego

Después de 27 años de haberlo conseguido en la Vuelta a España con Luis Herrera y con una historia en las grandes carreras que se remonta a 1973 con Cochise Rodríguez, el ciclismo colombiano afronta desde hoy un reto descomunal: Ganar el Giro de Italia.

A Nairo Quintana y Rigoberto Urán, les corresponde afrontar ese reto porque así lo ha querido su destino, e igualmente porque la naturaleza los premió con el talento y la clase natural para convertirse en ciclistas y en campeones… o subcampeones, pues precisamente el hecho de haber subido al segundo escalón del podio final en el Tour y en el Giro 2013, amén de otros grandes resultados, es lo que hizo a la prensa mundial especializada y a millones de seguidores del ciclismo incluirlos como candidatos a la victoria.   

Estar en la reducida lista de grandes favoritos al título final del Giro de Italia 2014, resulta histórico para el ciclismo colombiano pero tanto el de Boyacá como el de Antioquia, saben que hay una máxima en el deporte -cualquiera que sea-, que a veces suele olvidarse pero que tiene que respetarse: El pasado no da triunfos ni los asegura. Es la base para luchar por los que siguen.

La verdad y la realidad hoy, es que el ciclismo colombiano representado en estos dos formidables ruteros y 12 compatriotas más, incluido el equipo nacional Colombia-Coldeportes y Sebastián Henao (Team Sky), Julián Arredondo (Trek Factory Racing), Winner Anacona (Lampre-Merida), llega al Giro de Italia con la posibilidad enorme de repetir la hazaña de 1987 en España y lo hace con todos los argumentos y componentes necesarios para intentar semejante logro, ahora en un ciclismo bien diferente de aquel de los años 80, para lo cual contamos precisamente con una nueva generación de ciclistas “más europeos que colombianos”, refiriéndome a su aprendizaje, formación, madurez y experiencia que da el irse a vivir en Europa, que es lo que han hecho en su momento Urán, Quintana, Betancur, Arredondo, Henao, etc, etc.

Soy, entre miles y millones de gentes, uno más de los que confía plenamente en esa posibilidad de triunfo, tanto como Nairo y Rigoberto a quienes oímos hablar con serenidad, confianza en sus facultades, condiciones, experiencia, deseo absoluto de luchar por la victoria y seguridad que les brindan sus resultados en las carreteras del mundo, tanto en el 2013 como en 2014.

Pero ellos saben y nosotros debemos también saber y entender, qué tan arisca es una carrera de tres semanas, qué tan aleatorio es el deporte del ciclismo, cuanto influyen los factores climáticos, la salud, la suerte en las caídas, el mismo medio mecánico y por lo tanto, no obsesionarse con el triunfo ni ponerlo como la línea entre el éxito y el fracaso, pues no ganarlo –que es lo que todos anhelamos-, tampoco tendría que convertirse en una hecatombe ya que la juventud y el futuro de ellos y sus congéneres les permitirán seguir viviendo y corriendo tras de muchos más logros, tanto si ganan como si son segundos porque lo que hay es materia prima en ellos y en nuestro país para seguir triunfando.

Así las cosas, en este Giro como en tantas otras cosas del deporte y de la vida, se impone la prudencia, la vivencia día por día a la espera del resultado que ojalá nos permita volver a ser campeones y celebrar jubilosamente como hace 27 años, el triunfo de un colombiano al término de una de las grandes aventuras a las que viene asistiendo el hombre en bicicleta desde hace más de 100 años.

Aquí no se trata de llegar a Belfast para el Giro de Italia tímidamente pero tampoco ungidos por la prepotencia; y por ello ha sido más que saludable el mensaje del “dúo de oro” colombiano, que llama a la confianza pero igualmente a la prudencia que es la línea que conduce al éxito y generalmente acudiendo a ella todo es posible. Así sea…


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